A esta película noruega, estrenada subrepticiamente hace un par de semanas, no la vio casi nadie (en el cine, un jueves por la noche, había un total de tres personas). No tuvo publicidad, y la gente a la que le puede interesar este tipo de temática estaría seguramente en el Bafici. Sin embargo, no es una cinta que carezca de interés. Su título original viene a ser algo así como El Hombre Molesto. Molesto para los demás, claro, ya que es una persona con inquietudes existenciales en una sociedad futurista terriblemente conformista. La película empieza con un hombre saltando sobre las vías del subte en un aparente suicidio. Pero la próxima escena lo ve llegando en un ómnibus (donde es el único pasajero) a un paraje solitario. Allí lo recibe un hombre, que lo lleva en un auto a una extraña ciudad, aséptica y moderna. Pronto empieza a trabajar en una moderna oficina como contador. Sus compañeros de trabajo parecen amables, si bien emocionalmente reservados. Al protagonista parece irle bien en el trabajo, y pronto consigue una novia. Sin embargo, esta sociedad sigue pareciendo terriblemente extraña. No hay chicos por ninguna parte, la gente ve un cadáver en la calle y pasa sin chistar, la comida no sabe a nada, y es posible tomar alcohol a raudales sin emborracharse. Todas las personas parecen anestesiados emocionales. Nunca queda claro si se trata de un sueño o estamos en algún lugar ultraterreno. Las mejores escenas son aquellas donde la exageración es mínima, como cuando en una charla de sobremesa la gente discute banalidades sobre decoración interior y se horroriza si alguien intenta discutir cuestiones más profundas. La película parece ser una sátira sobre las sociedades capitalistas avanzadas, en las cuales los problemas materiales acuciantes de la sociedad humana han sido aparentemente resueltos pero al precio de crear una sociedad donde las manifestaciones más básicas de la naturaleza humana son reprimidas. Una sociedad bastante inhumana, al fin y al cabo. La película termina siendo un poco larga y repetitiva (a pesar de durar solo noventa minutos), y el director parece no saber como terminar su historia, pero en su mayor parte de metraje la cinta termina siendo un film que vale la pena ver.
Andres Salama.
lunes, 21 de abril de 2008
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